Parte III – Roma

RomaLa tierra de Rómulo y Remo fue heredera directa de los gustos griegos. Así fue que también adoptó el concepto de la belleza física y, por ende, la preocupación por ver cómo lucían sus cabellos.

Un impacto para las mujeres romanas ocurrió cuando vieron a las cautivas que trajo Julio César de las Galias, quienes lucían unos hermosos cabellos rubios, a los que quisieron imitar. A partir de allí, se realizaron muchas pruebas para aclarar el tono del pelo, predominando el compuesto de sebo de cabra y ceniza de haya, pese a que no resultaba demasiado saludable para el castigado cabello.

Los peinados fueron variando, y esto es natural teniendo en cuenta la larga duración del imperio Romano y la influencia que fue recibiendo al contacto con los diferentes pueblos que iba conquistando. De todas maneras, se pueden agrupar los más habituales como el cabello rodeando la cabeza, la melena con rulos y el cabello recogido y trenzado.

Ya en esta época, se practicaba la peluquería en forma permanente, surgiendo especialidades según qué se realizara: peinado, color, postizos, etc.